Stonehenge no impresiona solo por sus piedras. Impresiona porque, después de miles de años, todavía nos obliga a mirar hacia arriba. En una época en la que medimos el tiempo con relojes atómicos y calendarios digitales, este círculo de piedra en la llanura de Salisbury sigue recordando algo esencial: antes de contar minutos, la humanidad aprendió a leer el cielo.